Colombia salió humillada 6-1 ante Ecuador y puso en riesgo clasificación al mundial

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La selección colombiana de fútbol de mayores cayó humillada 6-1 ante Ecuador y puso en riesgo la clasificación al mundial de Catar.

Es la peor derrota de la Selección en 43 años, con un equipo de mal desempeño en todas sus líneas, comenzando por el arquero.
Por el desastroso desempeño del equipo en los últimos dos partidos, a quienes creen que Carlos Queiroz también quedó contra las cuerdas.

Colombia ya tenía destrozada su confianza y agujerada su coraza. Su defensa era de papel. Su mediocampo, de icopor. Su ataque tenía apenas un caballero solitario y sin lanza. 10 minutos y Colombia ya perdía 2-0. 10 minutos y James ya se cogía la cabeza como pensando ‘y ahora qué hacemos’, ‘y ahora qué hago…’, con ese rostro incrédulo del que no imagina que todo puede ser peor, aunque lo presiente.

Los dos primeros goles fueron tan rápido que el partido parecía que se seguía jugando en Barranquilla contra Uruguay. Camilo Vargas apenas se acomodaba en su puesto de titular. Cuadrado apenas se reencontraba con su puesto de volante. Barrios apenas se incomodaba en el banco porque fue suplente. Y Carlos Queiroz, ay Queiroz, apenas se ilusionaba con que el equipo entraba a jugar ahora sí despierto.

A los 7 minutos empezó el desastre. Dos veces Duván intentó despejar la pelota en el área, y los demás lo miraban como petrificados, como rogando que no le cayera a Robert Arboleda, que siendo defensa definió como goleador. Fue un gol para confirmar que el equipo colombiano seguía en su pesadilla, seguía viendo rivales uruguayos.

Dos minutos después cayó el segundo gol, que fue aún más sencillo que el primero, como si Colombia quisiera hacerle las cosas más fáciles a su rival. Un saque desganado de Vargas, nadie fue a pelear esa pelota, Ecuador sí la capturó y le llegó a Mena, que arrancó en carrera mientras Murillo y Mojica se hacían señas con la cejas a ver cuál de los dos se animaba a ir por él, y no se decidió ninguno, y Mena, al borde del área, le devolvió la pelota a Vargas a un costado, directo a su arco, y fue el 2-0 en 9 minutos, como para despertarse ya y pegar el alarido, así, bañados en sudor, temblando, pálidos, pero nada, la pesadilla seguía y seguía…

Si lo hecho contra Uruguay fue malo, contra Ecuador fue desastroso, caótico. Un infierno, porque no hubo reacción, ni en la cancha ni en el banco. Era como si ese equipo de azul desteñido estuviera condenado, entregado a su destino fatal. Y por eso llegó otro gol, un centro al segundo palo y Estrada estaba listo ahí para anotar, tan fácil, tan sencillo, y era en serio que iban 3-0.

Ya era un partido en el que si uno parpadeaba se perdía otro gol ecuatoriano. La pelota tenía fuego para Colombia, les quemaba los pies y el alma, nadie la quería coger, nadie quería pedir un pase. Iban 32 minutos y el equipo ya tenía la camiseta hecha jirones. La defensa ya había sido saqueada. Colombia era un rompecabezas armado al revés, de fichas incompletas, patas arriba.

Desde el 6 de marzo de 1977, cuando perdió 6-0 con Brasil en el Maracaná, Colombia no sufría una humillación como la de Quito. Es, además, la tercera peor derrota en la eliminatoria, después de esa y del 7-2 que le propinó Chile el primero de agosto de 1965.