Dolor de música por los protagonistas del arte que se van

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Crónica: Por EDGARDO MENDOZA GUERRA

Abril es el mes cuando se abren las flores, luego del anuncio de primavera, de ahí su nombre. Pero esta vez trajo flores tristes en su primera semana. En mis años colegiales primarios, escuchar emisoras era nuestra   fascinación y descubrimiento de cosas al  tiempo, luego terminé metido en ellas media vida. Cuando Piero cantaba “Los americanos”  anunciaba: esta canción tómenla como un  homenaje  Alberto Cortez”. Tiempo después descubrí al cantautor y sus canciones entre tantas “Mi árbol y yo”, “Cuando un amigo se va”, “Quiero ser bombero”, “No soy de aquí no soy de allá”, “A partir de mañana”  letras que forman parte de mis eternas favoritas entre vinos, momentos y suertes. Esta semana a Cortez se le ocurrió morirse antecito de cumplir sus 80 años. Los antojos como el bostezo se contagian.

Y claro, otros le siguieron en las horas siguientes,  Joe Quijano, aquel de la discusión en el barrio entre pachanga y charanga, que hizo un versión de  “Yo soy aquel” en un estilo de son montuno que es una bacanería, mientras Raphael interpretaba con sentimentalismo histriónico con la misma canción. Seguía Quijano con “ A Cataño” el apellido de mi padre, pensé en los primos guajiros, pero es un pueblito de Puerto Rico, donde después volvió a cantarle “Volví a Cataño” pude ver entre salseros de zapatos blancos como bailaban con el tumbao que tiene los guapos al caminar, en este caso al bailar, copiando a Blades, me aprendí un par de pases salseros que por vergüenza no he vuelto a mostrar en público, ya que para malos bailadores tengo baldosa reservada. La canción “Es ilusión” si pude compartir con algunas amigas sonrientes pero imposibles de otras cosas. Para entonces Joe Quijano fue más cercano, casi familiar. También  Quijano el mismo día de Cortez porque los cantores siempre van juntos al cielo dejando la discusión en el barrio…

Con esas ganas de alcanzar el número 80 de la vida, Cecilia, “La Polla”  Monsalvo, mujer de alma risueña  y un carácter entre divertido y franco como militar en retiro, casi taciturna, alejada de luces y famas, pero  apoyadora con  inspiración natural y a través del festival vallenato se hizo indispensable, necesaria y útil, es decir famosa entre famosos, todo  por  nuestros cantores y juglares. En la mañana  del primer viernes de abril,  posiblemente escuchó y sonrió con Alberto Cortez, pachanguió con Quijano, pero escondida alegría  era entre acordeones, cantos, versos, cuentos piloneras, cuyo desfile en  apertura del festival lleva su sello. La Polla inventó la risa callada, a pesar de ser protagonista integral de nuestra fiesta prefirió vivir como las apacibles y sigilosas arrieras, pero ya todos sabemos que su orden  era de cúmplase, sin decretos, pues su palabra no dejaba dudas dicen los de su cercano círculo. Esos festivales de bandas que organizó fueron inolvidables; trompetas, clarinetes, trombones y tubas llenas de telarañas volvieron a hacer útiles y llegaron como el imán a los calderos de Melquiades cuando llegó a Macondo en la novela de Gabo.

Entre ella y la Cacica Consuelo Araujo inventaron en vallenato el “Comuníquese  y Cúmplase”  sin importar quien lo decía primero, eran almas gemelas para vainas y defensas del tradicional vallenato. Aun en la plaza se siente el eco sonoro de esas bandas interpretando clásicos vallenatos, a pesar del vestido moderno que luce  el lugar en estos días. Esperamos que no le ocurra a la plaza, como a una primera dama presidencial por lucir vestidos que sus paisanos no habían visto, que no parezca una clase de geometría, como anuncian en tendencias  revistas del siglo del 2050.

Pero que va, el bostezo fue largo. El antojó se regó como pólvora. Pastor López, artista venezolano también quiso despedirse en abril y escogió la ciudad de Cúcuta para parar su corazón, y entristecer los nuestros. Muchos años antes, le había pedido a Juancho Polo Valencia que dijera en su canto “De Juancho Polo pa’ Venezuela”. “Juancho Polo Valencia no tiene dientes ni tiene muelas, no tuvo grado de escuela pero al cantar es la ciencia”… Como en esa canción, el Indio Pastor, mandó el saludo  “Mendoza pa´Fonseca!”  a muchos convencí que el saludo era para mí. Y  en aquel tiempo me creyeron!

Ahora los diciembres no serán iguales sin la música del venezolano amigo. “El Ausente”, “Traicionera”, “Las caleñas”, “Lloró mi corazón, son parte de este pueblo, fiestero,  licorero y lloroncito. Al decir de León de Greiff, yo me enveneno con un recuerdo…

El maestro Calixto Ochoa en “Cuatro penas” uno de sus tantos éxitos, nos recuerda que los momentos tristes son posibles, pero cuatro al mismo tiempo con personas conductoras con el hacer musical no es normal, “si alguna deuda queda todavía no me la cobres junto por favor”, dijo el otro maestro compositor Emiro Zuleta, de La Paz.
La humanidad sin música sería imposible, toca las fibras del alma, o como dicen los orientales son pedacitos de anticuchos a las brasas.

Medellín acaba de conceder pensión vitalicia a los músicos callejeros, ellos, nuestros cantores de noches y bohemias merecen mil cosas. Mejores cosas. El  ex alcalde Freddy Socarrás hizo actos dignificantes con nuestros juglares, ojalá los próximos sigan la huella. Dos frases sobre el arte lo resumen. Sin música la vida sería un error y hay dos formas de refugiarse de las miserias de la vida: la música y los gatos. Hasta ahora comprendo a nuestros campesinos, al decir  cuando no hay perros se montea con gatos. Y nuestros acordeoneros vinieron del campo para que no refugiemos en la música. Somos eso, pasajero de la vida