El guajiro Alfredo Deluque nuevo presidente de la Cámara de Representantes

El congresista de la U, oriundo del departamento de la Guajira, Alfredo Deluque Zuleta, fue elegido nuevo Presidente de la Cámara de Representantes, este 20 de julio.

En la Presidencia del Senado de la República  fue elegido el liberal,  Luis Fernando Velacos, en cumplimiento de los acuerdos políticos de la bancada de Gobierno.

Dado que estos cargos se definen por acuerdos políticos entre los partidos que forman parte de la coalición de Gobierno, el turno en esta ocasión les correspondió al Partido Liberal y al Partido de la U, respectivamente.

Las nuevas presidencias garantizan al gobierno Santos el compromiso con la agenda legislativa propuesta desde la Casa de Nariño, así como la defensa de su principal proyecto: el proceso de paz.

El nuevo presidente de la Cámara de Representantes es  abogado de 33. Su padre, Hernando Deluque Freyle, fue gobernador del departamento entre 2000 y 2003, y no concluyó su mandato porque el Consejo de Estado anuló su elección por fraude en los comicios que lo eligieron.

Alfredo Deluque pertenece al Partido de la U, llegó a la Cámara en 2010 y pertenece a la Comisión Segunda, encargada de asuntos internacionales y de seguridad nacional. Su paso por el Legislativo ha estado marcado por los debates sobre el manejo de las regalías y la modernización de la infraestructura de comunicaciones. Ahora este joven político será el encargado de presidir las sesiones de la corporación.

Velasco es un payanés de 51 años y congresista desde 1998. Hijo del exsenador y exdirector de Instrucción Criminal Ómar Henry Velasco, es abogado titulado de la Universidad del Cauca. Una de sus principales banderas ha sido la baja de los precios de la gasolina y la defensa de los derechos sindicales.

Ahora tendrá una función clave en la promoción del proceso de paz y de los proyectos de ley que ésta requiera. Por eso, en una entrevista dada al periódico Proclama del Cauca, Velasco dejó claro su apoyo a la mesa de La Habana: “No es lo mismo pedir la guerra desde un club social de Bogotá, Medellín, Barranquilla o Cartagena, que entender la importancia de que no haya guerra cuando uno transita las carreteras del Cauca cotidianamente”.