MIRANDO DE FRENTE

La situación de orden público que en estos momentos sacude a Colombia no debe ser analizada bajo la premisa de que se trata de hechos recientes. Las causas de esta situación hunden sus raíces en las historias mediata y lejana de nuestro devenir nacional y ante todo al comportamiento de la clase dirigente que nos ha gobernado desde los inicios de nuestra vida democrática. 

Tal parece que la consigna de nuestros dirigentes es la de enriquecerse a costillas del pueblo, sin importarles los derechos de la comunidad, los principios éticos, morales y legales que rigen nuestra sociedad. 

Históricamente el pueblo ha sido víctima de una clase dirigente que nunca se sacia en sus apetitos económicos y en la hegemonía que a lo largo de nuestra historia han ejercido: Tres o cuatro familias han gobernado nuestra nación desde tiempos inmemoriales, Los Santos, los López, los Lleras, los Pastranas (Con algunas combinaciones entre ellos), han sido quienes sempiternamente han regido nuestros destinos. 

Pero eso es lo menos trascendente. Si nos gobernaran de frente al pueblo, con altas dosis de honestidad, espíritu de servicio a los gobernados, moralidad y legalidad, esa circunstancia sería lo de menos. Pero no. Su empeño se circunscribe a seguir acumulando riquezas para ellos y sus aliados, quienes a la larga, aunque han tenido su génesis en las clases menos favorecidas, se han aliado con esa clase déspota en aras de obtener riquezas, traicionando sus orígenes sin ruborizarse. 

Ante este panorama surge entonces la gran pregunta: ¿Cómo poner fin a esta situación? 

La respuesta a este interrogante es otro gran problema que afronta nuestra Patria. Si bien es cierto que se necesita un cambio profundo a nuestras costumbres políticas, la gran disyuntiva está no solo en cómo se realiza ese cambio sino en quiénes son o serían los escogidos para realizar ese viraje. 

Dadas las limitantes de espacio y tiempo, en una próxima entrega analizaremos lo concerniente a la solución, en nuestro modesto pensar.